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Ovillejo al atardecer en la laguna de Fuente de Piedra

Un atardecer dorado.
Agrado.
Reflejado en la laguna.
Mi cuna.
Contemplado desde el cerro.
Sin yerro.
La vida impuso el destierro
para ganarse la vida
aunque dejando la herida
por agrado, cuna y yerro.
      (De Cantares de flores nuevas, 2020)

 

 

LORO

Fui un prestigioso vate de salón
y antesala de cargos oficiales.
Eruditas mis críticas sonaban
a base de palabras prestigiosas
y adjetivo abundante.

Me pensaba el mejor, con ascendencia
sobre cualquier mortal
que a las letras llegara.
Las roscas me comí de tantos premios
que mi casa flotaba sobre incienso.

¡Qué suprema cantaba mi arrogancia!
¡Qué arrogante cantaba mi soberbia!

Sin embargo, al momento,
amarrado a su percha,
un triste loro soy,
que sólo dice "amen"
a la oración de un amo
caprichoso y chiflado.
      (De Fábulas de reencarnación, 2016)

 

 

LLAMADAS PERDIDAS

Un mensaje en el móvil
tan ambiguo, con faltas,
en lengua sincopada
y abreviada.

¿Me quiere decir no?
¿Sí me anuncia o la duda?

Mis llamadas no atiende.
Mis mensajes se pierden.

Mi teléfono móvil
es la fuente que mana
más llamadas perdidas.

    (De Hojas ustibles, 2005)

 

  Mas con todo,
es muy complejo el mundo y este asunto
del vivir cotidiano:

   puede que libertad
   de manos de sirenas
   levante irresistibles
   delirios rompediques.

Con tactos adecuados, sin embargo,
sirenas seductoras
se vuelven seducidas y a tu antojo
rinden vuelos y cantos:

  escucha su dictado
  en los días de nube.

Pero escucha también
el ejemplo que a Ulises propusiera
la prudencia de Circe:

    "...son espinas o rosas delicadas
   los vuelos del amor y los dictados
   de sólo libertad...".

   (De Infinito mar que es el vivir, 2003)

 

 

Sentencian que el amor
no busca su interés.

Engañoso principio, pues amor,
en darse, se acrecienta.

Intereses de amor
es buscar la alegría
de la persona amada.

¡Qué claridad más alta
dar, recibir amor,
plenos mares de dicha!

Nunca en la casa falta
la gota que derrama
con amor las esencias.

En caricias se expande
el amor cotidiano,
en interés se crece sin buscar
más que tu bien, amor.
(De Una carta de amor, 2002)

 

MAPAS DE GENES


Un código de barras está oculto
en los genes humanos.
Y los sabios se empeñan
en leer su cifrado y conocer
la fecha en que caducan
los ríos de la vida.

¿Sabrán también si un verso
prenderá el corazón, en qué momento,
del poeta que nace
en un mundo de réditos y ciencia?

Puede que el ingeniero
de genes y desdichas
corrija ese defecto
y se impida que un libro de poemas
nos siembre la inquietud.

Será un mundo feliz y ya los versos
se volverán el humo
de hoguera inexistente.
(De Las heridas de amor, 1999)

Los códigos se han roto, las señales,
las ramas del olivo, las flores
de la fresa: no encuentran acomodo
las sonrisas, los pétalos de nardo
ni las adormideras de nieve en su blancura.

Sólo los tamariscos
enredan su nublado
y a fuego nos imponen los caminos
de ciprés, de barbasco, de viscaria.

Consecuente propongo que un jardín
nos brinde sus aromas de acogida,
que el árbol de la vida nos anuncie
tentaciones de ciencia y aprendamos
que es posible la flor octogonal.
(De Psilocibina, 1998)

Encuentro

Te ignoraba. Yo era sólo un espacio
Virtual, una quimera,
entelequia de un sueño,
imagen de pantalla y de cartel.

“Iba yo navegando, me dijiste,
por ese mar de textos,
de imágenes y notas,
cuando apareces tú y me obnubilas.
Capturé la pantalla con un golpe
de tecla o de ratón
y, desde entonces, siempre
te busqué entre los megas de los discos
de todos los rincones
de esta aldea global
de información y tiempos solitarios.
Te busqué y me guardé tu bella imagen
de formas digitales.

Cada día dedicaba
horas de admiración a tu belleza.
Te reconozco ahora.
No me niegues la dicha
de qué bailemos juntos”.

Y bailamos sin fin
y te conté mi vida.
Y me hablaste de amor y de inquietudes,
platónico y paciente

Pretéritos no importan, recordabas
aquel poema sabio
De Juan Ramón Jiménez:
“Como un pasado oscuro y andrajoso
puede todo borrarse…” Hasta la imagen
de tus formas desnudas De modelo
con qué sembraron mundos
de hipertextos y redes”.

Las pantallas aquellas
de nostalgia de amor, sus matinales
alegría sin ti,
las tardes de lirismo en que soñaba
tu mirada y las noches marinas
pendiente de encontrarte
virtual, candorosa,
bella como las venus
de olimpos muy lejanos.

Nada me importa ya.
“El cielo de” este encuentro
“será el comienzo y el final”.

Me enamoré de ti como quien lanza
su cuerpo a los abismos.
Y cerré mi pasado.

Aunque también es cierto
que aquellos que buscaron
ni encanto de escultura,
ya la belleza copian
de jóvenes promesas.

Es una nueva vida que hoy comienza
en un sol junto a ti,
“a este sol viejo y nuevo
qué entreabre sus rosas
de un cielo de Zenobia y Juan Ramón
divino y candoroso”.

Es jardín tu presencia
y mi rosa te ofrezco.

(del libro inédito en 1997, Las heridas de amor, primera parte)



Me despierta un «te quiero».
¡Qué salero!

Es verdad que estás lejos
y teléfono acerca
solamente tu voz.
Pero tu voz envuelve
en más luces el día:

un resplandor anula
el sinsabor de ausencias.
(De Internos, 1994)


EN INCENDIOS DE AMOR


Mejor verso es el tacto que se rompe
y en tactos contorsiona.

Mejor tacto es el beso que se extiende
y en besos ilumina.

La piel queda desnuda de fetiches
y en otra piel encuentra
sus mares dilatados.

En incendio de amor,
las llamas purifican los contornos.

Tan gozosa la llama
agrupa para fénix la ceniza.
(De Un libro para el gozo, 1994)


Sólo un byte de tu amor
te suplico en mis bucles,
rutinas insistentes
buscando tu respuesta.

Mas para mí no activas los registros
de tus chips encantados.

Y LA CANCIÓN

¡NEW. NEW, NEW!

Y comenzar de nuevo.
sin error de sintaxis.
a cero los octetos,
con la memoria plena,
con los K disponibles a encender
los programas de próximas entregas.

Todo mi amor vendrá
para que tú dispongas.
(De Amor Compiuter, 1987)


ORFEO EN DESENGAÑO


Conmovióse el abismo con mi llanto
de amor, y, persuasivo,
convertí a Proserpina
en aliada. Suplicaron a coro

las Furias sosegadas por los sones
ardientes de mi lira,
y Plutón, finalmente,
con lágrimas brotadas en sus ojos,

mi súplica escuchó sobrecogido:
el imponente dios
de los infiernos hizo
transgredir el decreto irrevocable.

Pero impuso la triste condición,
causa de mi desdicha,
ineludible ya:
la dejaba partir, mas no debían

mis ojos contemplarla en los arcanos
parajes de la muerte.
Acepté agradecido
su bando tenebroso: mis deseos

apenas vislumbraron el peligro
que el cinismo divino
del averno dictaba.
Y en silencio, sin verla, en tentación,

la tomé de su mano delicada.
Era en extremo frío
el tacto de sus dedos
y sentí los desgarros de un presagio.

Evocaba, por el penoso túnel
buscando la salida,
los jardines de amor
que su boca sembraba en mi deseo.

Evocaba sus ojos soñadores
del mar de mis caricias.
Evocaba su bella
compostura de diosa consagrada

al altar de mi templo enamorado.
Evocaba la luz
de su afable sonrisa.
Mas la duda también prendió su llama

oscura de temores y preguntas:
"¿Es posible la vida
si emponzoña el veneno
que la sierpe maldita inoculó?

¿Tan bella sigue siendo como antes
de que muerte volviera
en ceniza su albor?"
Y no pudo mi anhelo resistir,

con los ojos cerrados, el camino:
impaciente volví
mi rostro para verla.
Las fauces del abismo despiadadas,

a Plutón, sin espera, devolvieron
aquel cuerpo que fue
tan bellamente tierno
a la pasión amante de mis brazos.
(De Demonolatrías, 1985)

CIRCE, DIVINA ENTRE LOS DIESES, ACONSEJA


Cuando llegues Ulises, a las islas
de las bellas Sirenas,
cuando escuches la voz
que infunde vanos sueños
a los hombres propensos a locura,
no desvíes el rumbo que fijara
con cálculos precisos el experto.

Palabras son las suyas que al oído
prestan feliz canción embaucadora,
que ciega voluntades
y que siembra deseos de acercarse
a degustar el vino
que brindan engañosas
a cualquier navegante.

Ofrecen libertad,
amor, sabiduría,
y tan dulces halagos
que hacen olvidar
la nave del regreso.

Perecen en sus brazos los incautos
marinos que desvían
la ruta. Ni ven más
a sus hijos, ni a su paciente esposa.
Y, por supuesto, Ulises,
jamás podrán cumplir
sus sagrados deberes
de honrados ciudadanos.

Con su canto, hechizan las sirenas,
y, tras satisfacer,
sus pérfidos deseos,
convierten al amante
en huesos putrefactos.

Ulises, te aconsejo:
cuando surque tu nave
por aguas de las Islas,
no desvíes el rumbo que fijara
con cálculos precisos el experto.

Tapónale con cera derretida
los oídos a quienes te acompañan,
y que amarren tus brazos
con cadenas al mástil,
si acaso tú, tentado de olisqueo,
quisieres escuchar
el deleitoso canto
tentador y fatal.

Debes tener presentes
estos sabios consejos
que dicta la cordura.
O te esperan peligros de zozobra
en el ignoto mar
de los rumbos perdidos.
(De Ulises desangrando, 1982)

16,48 H. DÍA 7. FEBRERO. REPETIR.


Ojos no mirarán
los ojos del deseo.

Tendrán nota salobre
y la palabra fría.

Rescatarse, tal vez,
con un juego de amor.

Imposible este día
de vino descompuesto.
(De Des(h)echa la ciudad, 1980)

Eres el pueblo bueno que trabaja,
que sufre y se resigna en viejo rito
de callar,
de esperar,
de ir tirando.

Eres el pueblo grande que canta la canción
del gran trabajo:
reconocer el mal, tener el miedo
a que quiten el pan por pedir vida.

Eres el pueblo inmenso
con siempre la razón
con siempre los silencios
con siempre la esperanza.

Eres el pueblo-dios
que renuncia a su dios y solo es pueblo
que trabaja,
que se crece en los hijos,
que se aguanta la carga sumergido
en su mundo
de hondas actitudes.

Eres inmenso padre
que a Dios hablas de tú con tanto bueno!
(De Se rompe hasta la vida cotidiana, 1980

Mañana será tarde,
y con fuerza de más
si es de siglos pasados
la acción que te reclama.

Mañana será tarde
porque el cielo
puede venirse abajo
irremediablemente.

Es hoy, este momento
que reclama vivir
intensamente,
por siempre intensamente
este momento:

que importa más la vida
abierta como un mar!
(De Marchamar andalusí, 1977)

 

La tinta adulterando verdades y pesares.
La muerte es menos muerte,
escrita en un papel.

La sangre ya no es roja
en la fría negrura de la letra.

El fuego ya ni quema ni enrojece
cuando mezcla su llama con distancia.

Le quitamos al mundo su tragedia.
Le robamos al alma su pasión.
Le deshumanizamos al hombre sus anhelos.
    (De Fuego sordo, 1975)